ARQUETIPOS ETERNOS EN LA MUJER CONTEMPORANEA

ARQUETIPOS ETERNOS EN LA MUJER CONTEMPORANEA

Cada arquetipo tiene un lado oscuro y esto los hace humanos y contemporáneos. Los mitos no son historias viejas, sino mapas vivos de las fuerzas, conflictos y potencialidades que toda mujer negocia en su vida moderna ya que las mujeres de hoy encarnan múltiples arquetipos a la vez.

He narrado los mitos de Aracne, Penelope, Venus y Arianna donde las mujeres son tejedoras de destinos, testigos silenciadas y arquitectas de laberintos, y a través del mito de  Narciso, relato la figura de la ninfa Eco, cuya voz no es escuchada, solo usada como sonido de fondo.

Voy contando, en esencia, la historia de cómo la mujer ha pasado de ser objeto mitológico (como Eco,la  víctima) a sujeto creador (Aracne y Ariadna)  aunque el camino esté lleno de laberintos y reflejos engañosos.

La alusión a los arquetipos es una reclamación del presente a través del lenguaje del mito.

Mi fotografía no interpreta los mitos, no ilustra textualmente ese relato; extraigo a la figura femenina de su trama de sufrimiento y la coloco en un nuevo contexto visual que es puramente suyo, las reinvento y reencarno. Esto no es una negación del mito, es una corrección de su enfoque.

 Las mujeres no son un objetos pasivos y esto invierte por completo la  dinámica de los mitos  y devuelve a la mujer mitológica la mirada activa, y con ella, el poder de actuar.

En algunos mitos el cuerpo femenino es el sitio del castigo. En mi trabajo, el cuerpo es arquitectónico, simbólico y soberano. Lo visto con elementos naturales (velos, redes de pescadores, agua) que no la constriñen, sino que amplifican su presencia, no es el cuerpo de la víctima; es el cuerpo de la hechicera, de la diosa que domina su propio ecosistema.

Mi trabajo suele fusionar múltiples arquetipos, es una revelación,  es traer a la superficie, hacer visible, una potencia que siempre ha estado ahí en los mitos, pero que fue oscurecida por la lectura patriarcal porque los mitos son relatos escritos mayormente por hombres.

Estas figuras siempre fueron poderosas. Nosotros, como cultura, nos equivocamos al contar su historia. Ahora las miramos de nuevo, con ojos nuevos, y vemos la verdad. Es un acto de justicia poética visual, un acto de reparación del presente usando materiales del pasado.

No invento el poder; lo desentierro y lo ilumino.

Es un nuevo vocabulario simbólico para imaginarnos a nosotras mismas revelando lo sagrado en lo visible.